La adaptación al cole

Ayer os contaba nuestra primera experiencia con el comienzo de la escuela infantil de nuestra hija de 13 meses. La experiencia en general ha sido positiva, y parece que la Peke se ha adaptado bien a sus compañeros y su educadora. No obstante, el hecho de que no llore ni se queje no quiere decir que la experiencia no le esté costando. Por eso hoy, al encontrar un artículo sobre los “daños colaterales” de la adaptación al cole, he querido reflexionar sobre los cambios que ha ido viviendo nuestro bebé en estas últimas dos semanas.

El artículo en cuestión habla de “7 daños colaterales de la adaptación escolar en niños pequeños“. Los síntomas que podemos encontrar en los más pequeños en estos días de vuelta al cole son, según este texto: cansancio, irritabilidad, rabietas, despertares nocturnos, pérdida de apetito, mamitis/papitis y retrocesos en algunos de los avances que había ido haciendo el niño.

En nuestra Peke he observado algunos de estos “daños colaterales”. Desde luego está más cansada. Como es una niña que, además, evita por todos los medios posibles dormir a lo largo del día, nos encontramos con que la Peke va corriendo por el pasillo y de repente ralentiza porque literalmente no puede más. Es como cuando un juguete se va quedando progresivamente sin batería. Para ella sentarse a jugar no era una opción, desde que ha empezado el cole y a ciertas horas se rinde y decide que correr arriba y abajo requiere demasiada energía de la que en ese momento no dispone.

Otro de los efectos que tuvo al final de la primera semana de cole fue una noche en la que se despertó de madrugada y decidió que no quería volver a dormir, solo jugar. Hacía tiempo que esto no le ocurría (lo de querer fiesta a mitad de noche, lo de despertarse es común 2-3 veces por noche…). Pero por suerte fue solo un día. Yo en principio lo achaqué al nerviosismo por el cole, aunque es cierto que el dormir de mi hija es algo caótico.

Lo cierto es que no he notado nada más. Mamitis/papitis ya tenía desde comienzo de septiembre, antes de empezar las clases. Es posible que ahora se le haya acrecentado un poco, pero creo que se trata de una etapa más. Desde finales de agosto empezó también a pedir mamar otra vez de día (cuando ya se había acostumbrado a hacerlo solo de noche), y descubrí que existe una crisis de lactancia al año en la que demandan de nuevo mamar continuamente (lo de las crisis de lactancia da para otro post). Así quiero pensar que esta “mamitis” es una fase más. Hay quien me dice que debería quitarle ya la teta, pero sinceramente creo que este es mal momento. Ya tiene bastante la pobre con las novedades del cole, como para encima empezar el destete (que por otra parte yo no estoy segura de querer iniciar).

Como dice el artículo, si nos buscan más, requieren más de nuestra presencia, nuestros abrazos, nuestra atención… es porque la necesitan. Y estoy totalmente de acuerdo con la autora en que tenemos que ponernos en su piel, en la cantidad de emociones que están experimentando, de situaciones nuevas para las que muchas veces no están preparados, de enfrentarse al mundo lejos de sus figuras de referencia… Así que, sinceramente, si dedicándole más atención al final del día podemos hacerles más fácil (o al menos, menos difícil) esta etapa, ¿por qué no?

 

Y vosotros, ¿habéis notado algunos de estos “daños colaterales” en vuestros hijos?

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